26 de septiembre de 2017

¿Qué Dice la Muerte de tu Vida?


[A continuación, les comparto el mensaje que prediqué en mi iglesia local este domingo recién pasado]

Puede que a alguien ya le haya tocado experimentar esto en la realidad, pero imagínense cada uno esta incómoda escena: en algún momento de sus vidas, luego de hacerse algunos exámenes y llevarlos al médico, él se acerca a usted y le comenta que la situación no es buena, y que el problema es más grave de lo que se pensaba. Tanto, que la enfermedad puede llegar a ser terminal si no se realiza un tratamiento pronto. El médico se acerca y le pregunta, "¿Quiere iniciar el tratamiento?" o, en otras palabras, "¿quiere vivir, o prefiere morir?"

Posiblemente, ustedes me dirán que la respuesta es más que obvia: todos queremos vivir, queremos continuar nuestro camino aquí en la tierra. Quizás las únicas personas que elegirían la segunda opción son aquellas que están bajo un gran dolor constante, o que son de edad tan avanzada que levantarse cada día es una lucha porque su cuerpo ya no les da más. Pero dejando de lado estas situaciones extremas, la respuesta es un rotundo “”. Si podemos elegir, escogemos la vida. De hecho, nos aferramos a ella con todas nuestras fuerzas.

Cuando el apóstol Pablo se vio enfrentado a una pregunta similar, no obstante, su respuesta fue distinta:


"Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Más si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros. Y confiado en esto, sé que quedaré, que aún permaneceré con todos vosotros, para vuestro provecho y gozo de la fe" (Filipenses 1:21-25, RV60)

Frente a esa pregunta hipotética, "¿quieres vivir, o prefieres morir?", Pablo respondió "No sé", como si la muerte fuera una opción tan válida y tan valiosa como la vida. ¿Qué clase de persona en su sano juicio considera morir teniendo la posibilidad de vivir? Respuesta: Alguien que tiene claro cuál es su propósito en esta tierra, y qué significa ir al cielo.


Aferrados a lo pasajero


La diferencia entre la respuesta del apóstol y la nuestra revela algo sobre nuestras vidas (de aquí el título del mensaje) y es que nos gusta demasiado vivir aquí. Claro, eso no es un problema en sí mismo, pero pone de manifiesto algo que sí lo es. Nos aferramos a la vida terrenal porque lo hemos invertido todo en ella. Tenemos demasiadas posesiones y demasiados proyectos, mucho por experimentar y mucho por disfrutar; tenemos logros y honores obtenidos con esfuerzo y sacrificio, tenemos familias y gente que amamos intensamente. Es natural, por eso, ese primer instinto de querer seguir viviendo y postergar el momento de partir tanto como sea posible.

Esta mentalidad fija en nuestra vida terrenal, sin embargo, si bien es comprensible, no es razonable, porque todas estas cosas valiosas a las que nos aferramos son frágiles. No importa cuán legítimos sean, siempre es una posibilidad que nuestros tesoros en la tierra sean dañados o destruidos por alguna razón, como Jesús nos advirtió en el Sermón del Monte (Mateo 6:19). Esto es obviamente cierto para lo que es tangible como las posesiones materiales o las personas, pero vale incluso para aquello que es intangible. Ese empleo del cual dependemos, ese pasatiempo que nos da tanto placer, nuestra salud o nuestras capacidades, nada está garantizado en este mundo.

Reflexionando sobre esto, el pastor Adrian Rogers alguna vez dijo:


¿Quiere usted saber cuán rico es? Sume todo lo que posee que el dinero no pueda comprar, y que ni la muerte ni el desastre puedan llevarse, y entonces sabrá cuán rico es. ¿Qué descubrió? Idealmente, usted descubrió que ya es tiempo de que empiece a acumular verdaderas riquezas, porque todo el resto será quemado. Si está poniendo todo su esfuerzo en este mundo, eso es como reacomodar sillas en la cubierta de un barco que se hunde”

Invertir todo lo que somos en esta vida terrenal es un síntoma de habernos olvidado de esa simple, pero gran verdad espiritual: Estamos de paso. Este mundo es pasajero, no es nuestra residencia definitiva. En realidad, somos ciudadanos del cielo, y nuestro hogar está con Dios. Pablo lo tenía más que claro, y probablemente esa era una de las razones que le hacía considerar la muerte como ganancia: Él no tenía su mirada puesta “en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” (2 Corintios 4:18)


Buscando donde no hay


Esta mentalidad terrenal es síntoma de otro mal espiritual, más serio aún: el tratar de alcanzar la felicidad -la satisfacción plena- en esta vida. Queremos la mejor vida posible ahora. Queremos la solución de todos nuestros problemas y el alivio de todas nuestras dolencias ahora. Perseguimos constantemente la próxima cosa, o la próxima experiencia, que nos llenará y nos hará felices… solo para decepcionarnos cuando la emoción se va. Esa experiencia común de sentirse “vacío” debería ser un despertador para nosotros, de acuerdo al autor C.S Lewis:

Las criaturas no nacen con deseos a menos que exista la manera de satisfacer tales deseos. El niño siente hambre, y existe una cosa que se llama comida. Un patito quiere nadar, y hay una cosa que se llama agua. Los hombres sienten deseos sexuales, y hay una cosa que se llama sexo. Si hallo en mí un deseo que ninguna experiencia en este mundo puede satisfacer, lo más probable es que yo estoy hecho para otro mundo” (Cristianismo y Nada Más, p. 135)

Como dijimos, invertir todo nuestro esfuerzo para conseguir la felicidad en esta vida no es razonable, porque sus tesoros son frágiles, y pueden desaparecer de un momento a otro. Sin embargo, aunque ellos fueran eternos, aún así no podrían darnos la satisfacción plena y duradera que buscamos, porque el vacío que hay dentro de nosotros, como alguien señaló alguna vez, “tiene forma de Dios”. El apóstol declara en la carta a los Romanos:

"Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas" (Romanos 11:36, RV60, énfasis mío)

Fuimos hechos para Dios, así que no es ninguna maravilla que los bienes y experiencias de esta vida terrenal no puedan saciarnos. Sólo en ese "otro mundo" para el cual estamos hechos, donde podamos ver a Dios cara a cara, sólo cuando estemos finalmente a Su lado en plena comunión, tendremos esa felicidad que el mundo no puede darnos. Por eso "partir y estar con Cristo", como nos dice Pablo, es "muchísimo mejor" que esta vida: no hay nada aquí que se compare a pasar la eternidad junto a Jesús.


¿Qué dice la muerte de tu vida?


Entonces, ¿qué revela sobre tu vida esta pregunta acerca de la muerte? ¿Es para ti, como lo fue para Pablo, una ganancia el partir de este mundo, o lo consideras más bien una pérdida y una tragedia? Si descubres que te aferras a la vida con todo tu ser, ¿por qué lo haces? ¿Será que estás invirtiendo demasiado en este mundo? ¿Será que estás buscando la felicidad aquí y ahora?

Esto no es promover una "mentalidad escapista" como alguien podría pensar, que sólo tiene en cuenta el futuro sin preocuparse por el presente. Lo que Dios nos enseña en la Biblia y nos muestra en el ejemplo de Pablo es más bien una forma consciente de vivir, que sabe que esta existencia terrenal es importante, y maravillosa en su justa medida, pero es pasajera, y debe ser vivida a la luz de la vida eterna que viene después de ella. Contrario a lo que la sociedad nos enseña, es falso que "sólo se vive una vez": hay otra vida más real y muchísimo mejor, que hace que morir sea una ganancia.





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