8 de enero de 2019

Cómo Vivir Sin Perder El Tiempo

[A continuación, les comparto el mensaje que tuve la oportunidad de predicar la semana recién pasada]

Sobrevivencia cristiana


En general, el período de fin de año se presta para dar una mirada hacia atrás y hacer evaluaciones de cuán bueno o malo, feliz o triste, productivo o desperdiciado fue. Cada uno sabe si se hizo estas preguntas, o simplemente decidió dejar el pasado atrás y abrazar el nuevo año como una nueva oportunidad de intentarlo de nuevo.

Considero, no obstante, que es un problema cuando alguien nos pregunta "¿y qué es lo que vas a intentar de nuevo?" y no tenemos una respuesta clara. Si esta es nuestra situación, significa que estamos haciendo lo que podríamos llamar "sobrevivencia cristiana" donde cada día tratamos de ser buenos cristianos, pero por ninguna razón en particular; simplemente pasamos el tiempo navegando el mar de nuestra vida y esperando el momento de nuestro rescate (salvación).

¿Por qué sería esto un problema? Porque la vida de fe que Dios nos ilustra a través de la Biblia es cualquier cosa excepto una "sobrevivencia cristiana". Ya en el tiempo de Moisés, vemos que una de sus oraciones al Señor registrada en los Salmos es "¡Enséñanos a contar bien nuestros días, para que en el corazón acumulemos sabiduría!" (Salmos 90:12). La lección del salmo entero es que nuestras vidas son breves y fugaces, y por la misma razón deberíamos vivirlas sabiamente. En ninguna parte vemos esta idea de vivir mirando cómo pasa el tiempo o sólo reaccionando a las circunstancias externas. Todo aquí sugiere que hay ciertas cosas que debemos tratar de hacer.

La importancia de tener una meta


Uno de los lugares en donde se ve más clara la clase de vida espiritual que deberíamos llevar es en la vida del apóstol Pablo. Pocos dudaríamos de que él fue alguien que vivió sabiamente y sin perder el tiempo. Esto fue una de las cosas que él escribió sobre su propio estilo de vida:

"¿Acaso no saben ustedes que, aunque todos corren en el estadio, solamente uno se lleva el premio? Corran, pues, de tal manera que lo obtengan. Todos los que luchan, se abstienen de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible; pero nosotros, para recibir una corona incorruptible. Así que yo corro y lucho, pero no sin una meta definida; no lo hago como si estuviera golpeando el viento; más bien, golpeo mi cuerpo y lo someto a servidumbre, no sea que después de haber predicado a otros yo mismo quede eliminado." (1 Corintios 9:24-27)

¿Qué es lo que define el estilo de vida de Pablo en este pasaje? La respuesta es "un objetivo". Él tenía un propósito y eso marcaba el ritmo de su vida. Como un corredor se enfoca en la línea de meta, y como un luchador se enfoca en derrotar a su adversario, así Pablo se enfocaba en la vida cristiana y en su premio eterno. Su carrera y su lucha, por lo tanto, no eran al azar, como él lo declara aquí; su día a día no era una "sobrevivencia cristiana". Cada zancada y cada golpe él los daba apuntando hacia la meta, "al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" como diría en Filipenses 3:14.

En cierto sentido, el hecho de que nos demos cuenta que hemos perdido el tiempo en nuestro caminar de fe es un buen síntoma, pues la única forma de evaluar nuestras acciones es teniendo como referencia un objetivo. Si hicimos cosas que aportaron a conseguir ese objetivo, aprovechamos el tiempo; si no, lo desperdiciamos. Pero, como sea, el hecho que podemos hacer una evaluación significa que de alguna forma, inconscientemente, nos planteamos una meta, y esto a su vez significa que por lo menos intuimos que ser creyente es mucho más que "sobrevivir": es tener metas espirituales.

Lo que nos separa de Pablo es, probablemente, que a diferencia de nosotros él tenía una meta clara y se había propuesto alcanzarla a como diera lugar. Por eso, si queremos dejar la "sobrevivencia cristiana" y acercarnos a este estándar de vida espiritual que Dios nos presenta en el apóstol, lo primero que debemos aprender es la importancia de tener nuestra meta clara. Por ahí comienza todo.

En 1993, el psicólogo sueco Anders Ericsson publicó un estudio sobre el desempeño de violinistas de alto nivel en una academia de Berlín. Sus resultados revelaron, entre otras cosas, que los violinistas que alcanzaban la maestría no solo practicaban mucho, sino que llevaban a cabo lo que se llama una "práctica deliberada", una forma de entrenamiento enfocada y con una meta en mente. El entrenar con un objetivo hacía posible identificar ciertas debilidades específicas en el desempeño de los músicos y mejorarlas [1]. Este es el poder de tener una meta: nos permite definir cómo vivir con sentido. Cuando no la tenemos, sólo perderemos el tiempo al intentar "hacer algo productivo" con nuestro tiempo; en el caso de un violinista, es practicar por practicar, y en las palabras de Pablo, significa vivir corriendo en cualquier dirección y dando golpes al viento. Pero si tenemos una meta, todo lo que hagamos -idealmente- tendrá un propósito, y un impacto significativo.


Las metas de la vida cristiana


Una pregunta que a veces escucho en nuestro contexto cristiano, y que alguna vez yo también me hice, es "¿cuál es la voluntad -o el plan- de Dios para mi vida?" Aunque creo que es una pregunta legítima y sincera, también considero que ciertos hermanos han ido demasiado lejos con ella, pasando a una actitud de espera permanente y "sobrevivencia cristiana", con la esperanza de que en algún momento baje del cielo una agenda dorada con cada día del resto de sus vidas planificado al pie de la letra por Dios. En realidad, nada impide que Él pueda dar esta clase de revelación a una persona, pero el punto es que no es necesario quedarse de brazos cruzados esperándola, porque Dios ya nos ha dicho bastante acerca de Su voluntad para nuestras vidas en una forma más general en la Biblia. ¿No sería sabio darle una mirada a estos objetivos generales antes de entrar en el detalle específico del plan para cada uno?

El Dr. Rick Warren, un pastor norteamericano, se hizo mundialmente conocido por escribir uno de los libros cristianos más apreciados de todos los tiempos, Una Vida Con Propósito. Diseñado para ser una especie de devocional de 40 días, el mensaje del libro es precisamente el que hemos estado considerando aquí: Dios nos creó con varios propósitos en mente; en otras palabras, Él tiene metas para nosotros. Los cinco propósitos que Warren distingue en la Biblia son los siguientes:

  1. Fuimos creados para el placer de Dios (Adoración)
  2. Fuimos creados para la familia de Dios (Comunión)
  3. Fuimos creados para ser como Cristo (Santificación y Discipulado)
  4. Fuimos creados para servir a Dios (Ministerio)
  5. Fuimos creados para una misión (Evangelismo)

Esta sencilla lista, considerada cuidadosamente, debería ser capaz de sacarnos a todos de nuestra "sobrevivencia cristiana". Respondamos con toda la honestidad posible: ¿Somos hijos de Dios que lo conocen y lo aman con todo el corazón, mente y fuerzas (Marcos 12:30)? ¿Somos cristianos maduros, capaz de vivir en paz y unidad con otros hermanos que piensan distinto, y que muchas veces son imperfectos (1 Corintios 3:1-3)? ¿Hemos llegado a la estatura de Cristo en nuestros pensamientos, palabras y acciones? ¿Hemos cultivado nuestros dones para servir con lo mejor de nosotros en el Reino de Dios? ¿Hicimos todo lo que podíamos por proclamar el Evangelio el año que pasó? Si la respuesta a alguna de esas preguntas es "no", entonces es claro: tenemos trabajo que hacer. No podemos seguir corriendo sin dirección ni golpeando el aire.

¡Y eso es sólo una lista general! ¿Qué tal si le sumamos, por ejemplo, aspectos más detallados como el llamado de Dios a ser buenos esposos y esposas cristianos? ¿Buenos padres? ¿Buenos hijos? ¿Trabajadores ejemplares? ¿Personas de oración? ¿Lectores bíblicos? ¿Hombres y mujeres de fe? La verdad es que no faltan objetivos en la vida cristiana. Dios nos ha puesto en esta tierra con propósitos y metas a las que podemos -y debemos- aspirar. Y si lo hacemos, podemos estar seguros de que ya no sentiremos que estamos perdiendo el tiempo.


"Planificación santa": el camino hacia la meta


Cuando hemos asumido las metas de Dios para nosotros, las cosas se vuelven un poco más sencillas, porque ya podemos hacernos alguna idea de qué hacer, y a dónde ir.

Un principio de sentido común es que el destino determina el camino. No se puede llegar a un lugar si siempre eliges ir en la dirección que te aleja de ese lugar; tampoco puedes adelgazar si nunca comes saludable ni haces ejercicio. Esto no es otra cosa sino una forma distinta de expresar lo que conocemos como la "ley de la siembra y la cosecha.": "Todo lo que el hombre siembre, eso también cosechará" (Gálatas 6:7)

Cuando tenemos una meta, de esta manera, cada decisión que tomemos en la vida caerá en una de estas categorías: o nos acercará a la meta, o será indiferente, o nos alejará de la meta. Si seguimos el ejemplo de Pablo, y por sobre todo, el de Jesús, cada día viviremos intentando "sembrar" aquellas cosas que tendrán un impacto positivo en nuestro propósito.

Finalmente, un consejo proveniente de la experiencia humana: en general, todos hemos estado en esa situación en que un objetivo se ve tan grande y tan lejano en el horizonte, que no sabemos con claridad qué pasos podemos dar para acercarnos a él. Una forma de abordar este problema es hacer una planificación, y determinar qué pasos podemos dar hoy para estar más cerca de la meta mañana.

¿Cómo se llega a ser una persona de oración? Bueno, orando lo suficiente y con suficiente profundidad y convicción. Pero ¿cómo se llega a este estado? A primera vista parece una meta lejana e incierta, pero si hacemos una "planificación santa", podemos hacerla cercana y concreta. Pregúntate ¿Qué puedes hacer este año por ser una persona de oración? Quizás puedes establecer un hábito de orar una vez al día. Partiendo de ahí, puedes preguntarte ¿y qué puedo hacer este mes para acercarme a ese hábito? Bueno, quizás lograr orar tres veces a la semana. Y si esa es la meta, ¿qué puedes hacer esta semana para acercarte? Quizás lograr orar una vez a la semana. Y ¿que puedes hacer mañana para lograr esa meta semanal? Quizás puedes cambiar un momento de televisión o de redes sociales por un momento de oración. Así, hemos transformado una meta lejana en una meta clara a través de una "planificación santa". Esto es aplicable a cualquier meta, ya sea corriente o espiritual.


Al final de todo, sin embargo, la única forma de no perder el tiempo en esta vida es utilizarlo para alcanzar las metas de Dios, que son eternas. La invitación para hoy es a que abraces esas metas que Él te ha propuesto en Su palabra y que decidas qué vas a hacer en tu vida para lograrlas, en este año, en este mes, en esta semana, y en el día de hoy. Corre la carrera de tal manera que logres obtener el premio. Vive sabiamente y usa tu tiempo para los propósitos de Dios. Nunca te arrepentirás de hacerlo.




Referencias

[1] Salon.com - Malcolm Gladwell got us wrong: Our research was key to the 10,000-hour rule, but here's what got oversimplified


A menos de que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina Valera Contemporánea (RVC)


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